El mejor tratamiento es el tratamiento temprano que
rompa el círculo de anorexia/ansiedad familiar.Hay que tranquilizar
a los padres e intentar minimizar la carga de ansiedad
de los padres ante la situación de que el niño no come.
Se debe evitar la rigidez a la hora de incorporar la alimentación
complementaria y adaptarla en lo que se pueda a las
necesidades del niño. El niño debe aprender a masticar a partir
de los 10-12 meses(17) por lo que el triturado fino de los
primeros purés debe ir haciéndose progresivamente más grosero
y, en función del desarrollo de la dentición, ir ofreciendo
pequeñas cantidades de alimentos más o menos blandos
que permita al niño aprender a masticar. Esto evita el
rechazo a masticar en niños de uno a dos años y las nauseas
y rechazo cuando se ofrecen texturas mas granuladas.
Debe recomendarse una dieta completa adaptada a las costumbres
de la familia y a los gustos del paciente. Es preferible
que coma poca cantidad pero variado y buscar presentaciones
a los alimentos que sean atractivas para el niño. Se puede utilizar
algún alimento (arroz o pasta) que guste más y utilizarlo
para vehiculizar otros menos atractivos (legumbres o verduras)
que además los complementan desde el punto de vista
nutricional. Las legumbres son ricas en calcio y con una cantidad
de proteínas próxima a la de las carnes aunque carecen
de un aminoácido esencial, la metionina. Los cereales, como el
arroz, aportan este aminoácido y a su vez se completan con la
lisina de las legumbres, que es el aminoácido limitante de los
cereales. Con esta combinación obtenemos proteínas de alta
calidad biológica. Este tipo de alimentos constituyen la base de
la alimentación tradicional en España y Latinoamérica.
Dado que estos niños se cansan de masticar se pueden
utilizar las salsas para reblandecer los alimentos o presentarlos
en formas de fácil masticación como albóndigas, croquetas
o hamburguesas.Además, el uso de salsas y bechamel nos
permite enriquecer calóricamente los alimentos. Los alimentos
que no les gustan se pueden enmascarar con otros alimentos,
por ejemplo, la leche oculta en los purés, salsas o
batidos o las verduras en las lasañas o trituradas en el caldo.
Se puede suplementar la alimentación para conseguir
mayor aporte calórico bien mediante la adición de alimentos
hipercalóricos, como salsas, aceites, frutos secos molidos,
rebozados y empanados o enriquecer los postres con miel,
mermelada o nata, o con módulos nutricionales para adicionarlos
en los biberones o con fórmulas de nutrición enteral.
Existen diferentes tipos de fórmulas para complementar o
suplementar el aporte calórico y de nutrientes de la alimentación.
Las fórmulas poliméricas de nutrición enteral completa
aportan los tres principios inmediatos en la proporción recomendada
por los organismos internacionales. Hay fórmulas
pediátricas estándar y fórmulas adaptadas para situaciones
especiales. Los módulos nutricionales nos permiten adicionar
por separado hidratos de carbono, lípidos, proteínas o una
combinación de ellos en función de las necesidades del niño.
La adición de estos módulos debe guardar el equilibrio entre
nutrientes. Suelen contener proteínas enteras, carbohidratos
hidrolizados parcialmente y triglicéridos de cadena larga.
La elección de una fórmula completa o de un módulo
dependerá de la edad del paciente, de la capacidad funcional
del aparato digestivo, de las necesidades del niño o de las
carencias de su alimentación habitual. El desarrollo de este
tema sobrepasa el objetivo de este capítulo y puede ser consultado
en el capítulo correspondiente en este mismo manual
o en la bibliografía referida(18,19).
Estas recomendaciones y otras muchas que se podrían
añadir implican que el pediatra tenga unos conocimientos
básicos de nutrición y dietética así como disponer del tiempo
suficiente para explicarlo a los padres.